Unas tijeras, para un milagro
He esperado a este día para contar una historia que, personalmente, me toca el alma.
La pequeña Magdalena nació de un parto
gemelar prematuro, a las 23 semanas de gestación. Su hermana Isabel, al nacer, dio
en la báscula algo más de 400 gramos. El protocolo de asistencia a bebés prematuros
en el Reino Unido, donde nacieron las pequeñas, determina cuándo se les aplican
los cuidados paliativos (hasta que mueran), o bien si se inician los procesos
(terapias de alto riesgo) que llevan a una posible viabilidad de la criatura
que lucha por vivir fuera de las condiciones biológicas naturales: el útero
materno. Ese protocolo de asistencia viene
determinado por dos parámetros: las semanas de gestación y el peso. Para lo primero
se establece 23 semanas. En tocante al peso se pone de tope mínimo los 400
gramos.
Viene ahora el milagro.
Magdalena dio en la báscula 453 gramos al
nacer. De modo que, pasó a recibir las terapias correspondientes a la vida, con
consentimiento de sus padres, junto a su hermana Isabel, también con el peso dentro
del protocolo.
Todo parece seguir una ruta establecida, ¿no?
El caso es que, el peso real de Magdalena
al nacer era de 382 gramos, los restantes gramos añadidos correspondían a unas
tijeras que se colaron en la báscula sin ser vistas. De modo que, aunque la pequeña
se 'coló’ en el protocolo
para la vida, una vez ahí, decidieron seguir con los cuidados pertinentes.
Visto hasta aquí, quizá para muchos el
milagro sea un fallo más del sistema. Pero, lo que aconteció después, fue para
estos padres un pequeño-milagro de poco más de tres kilogramos que les
entregaron en Navidad.
Realmente, el proceso que siguió este
caso, sin duda, deja en abierto cuestiones sobre las que hay que reflexionar. El milagro se hizo patente ante el resultado
final del proceso:
Isabel, que nació dentro de los márgenes del ‘protocolo’ (recordemos: 23 semanas y más de 400 gramos), no resistió las terapias y murió al poco de nacer.
Magdalena, la pequeña que no hubiese recibido los cuidados para la vida, dado que no cumplía con los requisitos de peso, vive ahora entre los brazos de sus padres.
"Nunca pensamos que traeríamos a
Magdalena a casa. Pero ahora pesa casi tres kilos y está más fuerte cada día.
Es nuestro pequeño milagro y estamos muy felices de tenerla en nuestro hogar
justo a tiempo para Navidad": —dice la madre.
Sea como fuere, la realidad siempre nos sorprende y por ello hemos de ser cautos cuando nos referimos a la vida: sé que para algunas personas Isabel y Magdalena eran consideradas 'fetos' al nacer. Para sus padres eran dos vidas que se gestaban en el útero materno. Cuando he escrito sobre esta noticia, dejo claro lo que son para mi las pequeñas: criaturas, seres humanos vivos.
La ciencia está alcanzando con sus logros lo que algunos no quieren reconocer: ¿cuándo consideramos que hay un ser vivo?, ¿cuánto le resta de tiempo a las tecnologías para que una criatura a la que desde la ignorancia científica se le llama feto pase a ser considerada ser vivo desde su concepción?
El hecho de que no sepamos mantener con vida al ser creado no significa que no sea un ser; más bien, pone de manifiesto la querida ignorancia de algunos de sus congéneres.
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